Imperdonable

Dice el dicho popular que “errar es humano, perdonar es divino” y, como humanos, ciertamente concordamos que tenemos más tendencia de errar que perdonar. También tenemos facilidad en esperar que los demás nos perdonen por nuestros errores, pero difícilmente perdonamos a ellos por sus errores.


Frecuentemente se escucha la frase, “el no merece mi perdón por lo que hizo”, o “por tal motivo ella no es digna de mi perdón”. ¡Sea cual sea el caso o la circunstancia el hecho es que el perdón es justamente algo inmerecido! Nadie lo merece o es digno de recibirlo. Es imposible comprarlo, conquistarlo o heredarlo. Ahí está la tremenda magnitud del significado del perdón.


El más grande ejemplo de perdón vino del propio Dios, que en la cruz perdonó a la humanidad. Por amor Dios envió su hijo Jesús para sufrir nuestro castigo y morir en nuestro lugar. Tamaño perdón posibilitó nuestra inocencia, regeneración y adopción, pues Dios como Juez nos declaró inocentes, como Creador nos hizo nacer de nuevo y como Padre nos adoptó en su familia.


Todos necesitamos ser perdonados y perdonar, independiente de la gravedad o nobleza de nuestras actitudes y acciones. Por ese motivo es que el perdón ofrecido por Dios es tan importante, pues es ese perdón que nos sana y habilita a perdonar. El perdón de Dios nos devuelve la esperanza, cura las heridas, restaura lo quebrantado y abre caminos donde no los hay.


El perdón es profundamente terapéutico también sobre la persona que lo ofrece. No perdonar significa continuar cargando el sufrimiento y el resentimiento, continuar sintiendo el dolor causado por el otro o la circunstancia dolorosa. El perdón sana a la persona que lo recibe, pero también a la persona que lo regala.


Dios nos perdonó de tan grande ofensa contra Él y nos devolvió la esperanza, que ahora es nuestra oportunidad de seguir su ejemplo. Imperdonable es no perdonar.


  • ¿Cómo el perdón de Dios actúa en tu forma de perdonar a los otros?

  • ¿Ya te libraste del sufrimiento y resentimiento a través del perdón?


(El perdón de Dios, Lucas 23:33-34 – El perdón del hermano, Mateo 18:21-22)

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Since 1983 I’ve been a Salvation Army officer where by God’s grace I’ve had the opportunity to serve in pastoral, administrative and leadership positions in South America, Europe and Africa.

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